Mucho tiempo he pasado arrancando la esperanza de tu retorno,
apartando de mi mente los recuerdos que tengo de ti,
soportando ¿qué la gente me pregunte qué ha pasado con nosotros?

Tengo un siglo de recuerdos tuyos que necesito matar, suplico al cielo me haga olvidar el sonido de tu voz, la ternura de tus caricias y la forma tan dulce en que hacíamos el amor.

Exijo a Dios, te aleje de mi memoria, que me regale el don de la amnesia para esos recuerdos que hacen sangrar mi alma y sólo me llenan de dolor.

Hoy se, que no volverás, que a otros brazos entregas tu cariño,
por que mi amor y mi tiempo no fueron lo suficientemente fuertes para que permanecieras a mi lado,
y un día simplemente, cruzaste mi puerta y te fuiste.

Mis ojos te lloran,
mi cuerpo se congela,
mi alma se escapa noche a noche desesperada en tu busca,
pero nada te trae de de vuelta a mí.

Ahora comprendo, que solo Dios y el tiempo,
sabran darme la resignación para comprender
que nunca fuiste mío y por eso no volverás,
dejándome muerta en vida.