En aquella reunión de amigas,
que desde la universidad no se encontraban,
ahora como profesionistas y también amas de casa,
se alejan de sus responsabilidades para gozar de la charla.
Conforme avanza la noche, se olvidan del café
y sobre la mesa desaparecen los postres y el pastel,
comienza el desfile de cervezas y tequila,
se van las galletas y llega la botanita,
y así la plática va subiendo de tono,
dejan de hablar de los hijos y de los esposos,
inician recordando cada una a sus ex novios,
desde el mas rebelde hasta el más ñoño.
Pero existe una que no emite ni un sonido,
permite que todas expresen lo que han vivido,
hasta que una pregunta:
¿Dónde están tus amantes?
La amiga aludida sin perder un instante,
se acomoda en la mesa con ademán elegante,
comienza su relato con una sonrisa,
se toma su tiempo, no tiene prisa.
"A todos mis amantes los he dejado,
pero a cada uno de ellos lo he amado,
recuerdo que todo empezó a mis veintidós,
hoy tengo treinta y ando con dos".
Las amigas encantadas se acomodan en su asiento
algunas de ellas se quedan sin aliento,
la relatora continúa su candente historia,
enciende un cigarrillo para revivir la memoria.
"Mis mejores recuerdos han sido con un libra,
fuerte, tenaz, aun me mueve cada fibra.
Aunque los capricornio han sido mi delirio,
intelectuales, hermosos, a veces un fastidio.
Relaciones largas he vivido a su lado,
aunque terminarlas ha sido necesario.
De algunos escorpiones he quedado prendida,
trayendo pasión, locura y misterio a mi vida,
lo difícil es conquistarlos
son tan volubles y a veces huraños.
Una amiga interrumpe para preguntar:
-¿Acaso nunca te vas a enamorar?-
A todos los amo, lo dije al principio
y son esclavos de mis caprichos,
pero cuando me empiezo a enamorar,
doy media vuelta sin titubear,
conservo el recuerdo de cada relación
y así me evito una cruel decepción.
Doce son los signos que tiene el zodiaco,
apenas llevo siete y sigo contando,
de cada amante aprendo algo nuevo
algunos los comparto y siempre los dejo,
a mí me gusta la novedad
nunca discrimino, ni siquiera por la edad.
Se hizo entre las comensales un silencio sepulcral,
las copas vacías no se volvieron a llenar.
"Pidamos la cuenta queridas amigas,
un hombre me espera, pasando la esquina,
quiere recordar momentos gloriosos
él siempre fue tan amoroso,
desea que nos vayamos a París,
para revivir un antiguo desliz.
Reunámonos amigas para el siguiente mes,
estar con ustedes siempre es un placer,
que tal si la próxima es en mi casa,
yo pongo el vino y ustedes la pasta.
Se despidieron todas con un abrazo
le pagaron al mesero por su buen trato,
cada una se retiró a su hogar,
mientras otra se fue a gozar.